Nunca pensé que compartiría en internet historias sobre mi hijo cojeando. Pero después de lo ocurrido durante las últimas seis semanas, tuve que compartir esto con otros padres que ven a sus jóvenes atletas luchar con el mismo desgarrador problema.
Me llamo Julie Bateman. Soy una madre de 46 años de Minnesota y, durante más de un año, vi cómo mi hijo Jake pasaba de ser un futbolista seguro de sí mismo a convertirse en un niño que realmente tenía miedo de correr.
¿El momento que más me afectó?
Ver a Jake dudar durante lo que pareció una eternidad al borde del campo de fútbol, claramente aterrorizado de que le dolieran los talones en cuanto empezara a moverse. Cuando por fin intentó esprintar, aguantó quizá diez minutos antes de salir caminando entre lágrimas.
Fue entonces cuando me di cuenta de que esto ya no se trataba solo del dolor de talón. Estaba afectando a todo lo que hacía de Jake quien era como niño.