El pasado febrero, Tyler empezó a quejarse de dolor en los pies y los tobillos después de los entrenamientos.
«Dolores normales», pensé. Tiene 11 años. Juega al fútbol en un equipo competitivo.
Pero no desapareció.
En marzo, cojeaba después de los partidos.
En abril, empezó a pedir que lo dejaran descansar durante los entrenamientos.
En mayo, lo encontré llorando en su habitación porque le dolían tanto los pies que no podía dormir.
Fue entonces cuando lo llevé al pediatra.
El médico lo observó caminar, le presionó los pies y nos dio el diagnóstico: dolores de crecimiento.
La solución: Descanso, hielo e ibuprofeno. Denle entre 6 y 8 semanas.
De seis a ocho semanas. Justo en plena temporada de primavera.
A Tyler se le descompuso por completo el semblante.